Pajareando con conciencia


Hoy fue un día muy especial, y lo fue porque muchas veces creemos que todo va mal, que Valle se nos va de las manos, que cada día queda menos de nuestros bosques, nuestros ríos y de toda la fantástica biodiversidad que habita nuestra zona, pero justo cuando todo se ve así, surge de la nada un día como hoy.


Una invitación de la que no estaba tan segura, por ser demasiado temprano, pero que de algún modo accedí y eso que David es un gran amigo, lo conozco ya casi 20 años o más, pero aún así pensar en despertarme tan temprano me hacia buscar pretextos, lo confieso. Finalmente dije que sí.


A las 6:50 abrí los ojos, con trabajo me levanté, pero ok, lo logré. A las 7:40 ya estaba en el muelle municipal, buscando a Landy, una especialista en aves y reptiles, y dos amigas suyas también con doctorado en temas ambientales.


El camino fue tan ameno entre la plática y la carretera tranquila, que casi ni lo sentí. Llegamos al otro lado de la presa, casi llegando a Colorines, encontramos un pequeño camino de terracería, sin mayores señalamientos, dimos vuelta en este y recorriendo un camino rural llegamos a donde nos esperaba David, de allí a la iglesia a encontrarnos con Fernando y su esposa, todos nos presentábamos porque, aunque estamos en un chat en común no nos conocíamos personalmente. Así que David, Landy, Margarita, Saira, Fernando y su esposa, después de presentarnos avanzamos hacia el lugar.


Continuamos por unos kilómetros más y de nuevo en un camino de terracería. El día pintaba para ser caluroso, pero todos estaban tan entusiasmados que me contagiaron y fue así como dejamos los coches y nos adentramos en el camino de terracería, David me entrego unos binoculares, Landy nos dio una pequeña introducción de lo que sería el recorrido y la forma en la que debíamos utilizar los binoculares, empezamos a caminar y ella nos señalaba hacia donde ver. Landy es una persona tan agradable, tan sencilla y con gran experiencia en aves, así que lo hizo ver tan fácil y de repente nos señalo una delgada varita de bambú, nos hizo buscar una pequeña bolita de tierra que colgaba en esta, me costó trabajo ver porque era demasiado pequeña, pero de repente unas pequeñas cabecitas asomaban, eran dos colibríes pequeñitos, apenas visibles y allí fue el comienzo de un maravilloso día.

Fotos cortesía Fernando Uribe



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